3 Cuotas sin interés | 10% OFF por transferencia | Envíos a todo el país | Envíos GRATIS a Sucursal desde $75mil hasta el 30/06 | Entregas en Moto en el día en AMBA

Hola, mi nombre es Lucila y hoy te quiero contar un poquito mi historia.

Soy la menor de cinco hermanos. Crecí con mucha libertad y rodeada de naturaleza, la que amo y en la que creo profundamente.

Mi familia directa nunca fue de los preparados naturales. En mi casa todo era cosmética convencional y también eran alopáticos si les pasaba algo, entonces yo crecí sintiéndome un poco un bicho raro. No quería que me sequen el pelo porque quería que se secara al viento. No me gustaba que me dieran ningún tipo de medicamento cuando me pasaba algo. Ahora, si me ofrecían una infusión de hierbas o cualquier cosa parecida, no dudaba. Estaba convencida del poder de sanación de las plantas.

Miraba maravillada cuando Benedita, la mujer que cuidaba el campo de mi tía, mezclaba barro y yuyos para curar las picaduras de abeja. Aprendí que una hoja de aloe era lo que necesitábamos cuando nos pasábamos con el sol. Que el jugo de limón puede ser un excelente desodorante. Cada conocimiento que recibía, lo abrazaba y lo ponía en práctica.

Crecí en Goya, en nuestro maravilloso litoral. Siempre sentí una fascinación por el Río Paraná. La inmensidad de sus aguas está grabada en mi corazón y en los colores de los atardeceres más hermosos que vi.

Pasaron los años y esa niña fue creciendo. Vine a estudiar a Buenos Aires, viví un tiempo afuera, terminé mi carrera universitaria y trabajé en distintos lugares que me formaron. Doy gracias siempre por todas esas experiencias, pero algo me faltaba…

Un día llegó la oportunidad de desarrollar una línea de cosmética orgánica para adultos. Aprendí de ingredientes. No podía entender que la cosmética para niños tuviera ingredientes tan cuestionados. Me acuerdo que sentí indignación y comencé a pensar en la posibilidad de incorporar productos para ellos. Pero la línea de adultos tenía que completarse y los preparados para los niños se fueron postergando.

Pasaron unos años. En el medio nacieron mis dos hijos más chicos y con mi socia decidimos tomar caminos diferentes…

Sentí que era el momento y la oportunidad para crear Cantares. ¡Estaba emocionada y feliz! Este proyecto me conectó profundamente con mi niña. Ella ya sabía lo que la adulta iba a confirmar con los años.

La naturaleza cura. Solo necesitamos volver a ella, cuidarla, entenderla y respetarla. Buscar cultivos medicinales fue la primera tarea de Cantares. Es impensado para nosotros una cosmética natural con cultivos maltratados.

Queda para otro momento contar la aventura de nuestros cultivos, que vienen de cuatro provincias argentinas.

Crear Cantares fue sumamente desafiante, pero detrás de cada prueba siempre aparecía algo que confirmaba el camino.

Este proyecto está dedicado a todas las niñas y niños que nacen naturalmente unidos a nuestra madre tierra, que saben que son parte de ella, que la cuidan y la respetan.

Cantares es para ustedes, nuestros pequeños grandes maestros…